domingo, 18 de marzo de 2012

Mochileo al sur - parte 1

La mochila ya estaba lista, eran las 5 para las 6 de la mañana y ya teníamos que pensar en ir saliendo de nuestras casa con Paulina. Estaba cansado, pasé la noche en vela armando la tan fundamental mochila, pero no estaba desanimado ni pensando en el trasnoche, sino más bien estaba expentante de lo que se venía...
Nos encontramos a las 6:20 am en la esquina donde acordamos, los bolsos pesados y necesitando 2 manos más por lo menos para sostener todo, pero llegamos bien, tomamos el bus a la ahora acordada y comenzamos el viaje, llenos de ilusión y anhelos, pero nunca, nunca pensando en todo lo que viviríamos. Paramos un poco antes de caminar a dónde supuestamente habría un camping barato, había otro mochilero con apariencia a extragero sentado a unos metros, pero no entablamos palabras, él sólo leía su libro. Cruzamos el puente que se eleva sobre el calle calle, llegamos a un negocio azul que decía "provisiones" y preguntamos dónde quedaba el camping y comimos algo, para cuando nos íbamos llego aquel mochilero con cara de no saber qué estaba diciendo y nos dijo "¿Dónde hay camping?", y su tono de duda dentro de la misma pregunta y el acento demostró que no hablaba mucho español, improvisamos unas palabras con Paulina y nos siguió al camping "el amigo", atendido por el amable y solitario don Pedro, un viudo abuelo que vivía en esa inmensa casa, nos recibió con mucho agrado y nos invitó a tomar once más tarde, y de esta forma comenzamos a dialogar con Don Pedro, de su vida y sus vivencias, para más tarde hacerlo con Hans, un jóven de 29 años que busca aprender a hablar español en un viaje de 6 meses por Latino América, con el cual terminaríamos conociendo todo Valdivia y bebiendo un trago distinto cada noche de camping, sin olvidar que el idioma neutro era el inglés, pero entre hablar sueco y español algo nos íbamos entendiendo. Historias Mapuches, caminatas de 5 horas, tour y cervezas kunstmann, viajes en botes y conocer islas casi desavitadas fueron parte de los casi 5 días de Valdivia, y lo más impresionante de todo, es que en cada día nos faltaban horas para seguir haciendo cosas.

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