domingo, 15 de abril de 2012

Viento de historia, el parkour

Puedo ver en este país que la gente es capaz de conversar sus problemáticas sociales y hacer cambios al respecto, pero en la ciudad no. Han pasado generaciones viviendo en esta urbe encementada y podemos ver que pasan y pasan vidas, desde niños hasta ancianos, caminando por las mismas veredas, preocupados cada uno por sus cosas ignorando y desconfiando del resto. Pero de pronto, algunas personas jóvenes comenzaron a dar vuelta los esquemas, a pensar ¿Por qué debo desconfiar del resto? o ¿Por qué ese muro me divide de aquellas personas, si somos personas ambas y no tenemos diferencias? Y pienso, creo y me ilusiono pensar que ese/a joven no quiso usar más ese pasamanos para afirmarse, sino para equilibrarse, caminar sobre él. Que ese muro no es para dividir a la gente, sino para que lo salte y trepe y se reúna con más fuerzas con las personas que quiere/ama. Los
mismos y otros decidieron hacer de la gravedad su amiga, y comenzaron a saltar y girar en el aire cuantas veces pudieran hacerlo durante toda su vida...

Así mismo, otros buscaron el arte no reconocido por las academias, y comenzaron por recoger las pequeñas piedras del suelo y comenzaron a tirarlas al aire, de a una, de a dos, de a tres, de a 5 y 12, y comenzaron a jugar con los malabares y a demostrar que su "tiempo de ocio" era mucho mejor emplearlo en aquello que estar amargándose en el gris entorno.

Otros hicieron de la música su expresión, con tambores y amigos crear a cada golpe de música el impacto que borre toda amargura y tristeza a cambio de una risa espontánea y una alegría inquebrantable, mientras que otros, más que hacer la música prefirieron vivirla, expresarla y hacer de su cuerpo un vector de emociones que hace a la gente aún inmersa en su cotidianidad salir de sus cánones y ver que el cuerpo no es sólo para caminar y trabajar, sino también para hacer cosas que hace tan sólo 100 años de historia humana atrás eran imposibles, fuera de los ojos de Dios.
Pero esta juventud ha demostrado que esto no es que estuviese fuera de los ojos de Dios, sino que estaba tan explícito en sus deseos de verte alegre, que era demasiado obvio verlo porque estaba en la punta de la nariz de toda la gente. Y si en algún libro sagrado de las religiones habla de un pueblo elegido, que sea ese, aquel que busca la alegría, la convivencia, la tolerancia, el respeto y la paz entre sus pares, que expresa alegría y brinda esperanza, que sea este, el de los jóvenes que canallizan un mundo extremo y mejor, y que por sobre todo, llenan de color a este universo.